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Qué pedirle a un presupuesto de web para poder compararlo

Comparar el número final es comparar a ciegas

Dos presupuestos con la misma cifra final pueden significar cosas completamente distintas. Uno incluye la alta en Google Business y el otro no. Uno deja el dominio a tu nombre desde el primer día y el otro se lo queda su proveedor. La cifra sola no dice nada: lo que hace comparable un presupuesto es la respuesta a un puñado de preguntas concretas. Sirven con cualquier proveedor al que se las hagas, incluido este.

Qué incluye el precio, y qué queda fuera

Pide la lista exacta de lo que entra, no una frase genérica como «diseño de página web». Y pide, con la misma precisión, qué queda fuera: fotografía, redacción de textos, campañas de publicidad, alta en buscadores. Un presupuesto que solo enumera lo que sí incluye deja la otra mitad para que la descubras en la factura siguiente. Aquí esa lista de qué no incluye tiene su propio apartado; pide la misma claridad a cualquier otro proveedor, tenga o no una página donde consultarla.

A nombre de quién queda el dominio, y quién tiene los accesos al terminar

Son dos preguntas y hay que hacer las dos, porque una no garantiza la otra. Que el dominio figure a tu nombre no sirve de mucho si al terminar el proyecto no tienes las contraseñas del panel donde se administra: sigues dependiendo de quien te lo hizo para moverlo. El primer punto se comprueba solo, con una consulta pública de tres minutos; el segundo solo lo responde el proveedor, así que pregúntaselo antes de firmar, no después.

Si hay permanencia o una cuota que no puedes cancelar

Pregunta explícitamente si puedes dejarlo cuando quieras y qué pasa si cancelas a mitad de un plazo forzoso. Una cuota mensual de «mantenimiento» que en realidad es una permanencia disfrazada solo se detecta preguntando qué ocurre si dejas de pagarla el mes que viene: si la web sigue funcionando igual o si algo deja de estarlo.

Qué pasa si el diseño no te convence, y cuántas rondas de cambios entran

Pide el número exacto de rondas de cambios que incluye el precio, no un «lo ajustamos lo que haga falta»: esa frase suena bien y no compromete a nada. Y pregunta qué pasa si, agotadas esas rondas, el diseño te sigue sin convencer. Si la respuesta es que sigues pagando por cada ronda adicional sin límite, ya sabes cómo va a ir el resto del proyecto.

Qué se paga cada mes, y a quién

Dominio y alojamiento hay que pagarlos a algún proveedor externo, casi siempre por unos pocos euros al mes. La pregunta es si te los factura directamente ese proveedor, a tu nombre, o si pasan primero por la agencia con un margen añadido encima. Ninguna de las dos es irregular; la diferencia es que la primera la puedes comprobar entrando tú mismo en el panel del proveedor, y la segunda depende de fiarte de la factura que te enseñen.

Qué pasa si el proyecto se alarga

Un plazo por escrito solo protege si tiene consecuencias cuando no se cumple. Pregunta qué pasa si la fecha pactada llega y la web sigue sin publicarse: si hay alguna compensación, o si simplemente llega una disculpa y una fecha nueva. Es la pregunta más incómoda de hacer, y también la que menos proveedores contestan con algo concreto. Aquí el plazo se fija por escrito antes de empezar, y ya hay una guía sobre qué decide esas semanas; lo que no está publicado en ninguna página, aquí ni en ningún otro sitio que hayas mirado, es qué ocurre si esa fecha, aun así, no se cumple. Pregúntalo de todas formas: una fecha por escrito sin una consecuencia declarada es una promesa, no un compromiso.

Con qué tecnología se construye, y qué implica eso para el mantenimiento

No hace falta entender de programación para esta pregunta: basta con saber si la web va a depender de un gestor de contenidos con extensiones de terceros —el caso típico es WordPress con plugins— o si es un sitio sin piezas sueltas que actualizar. La diferencia no es técnica, es económica: en el primer caso el mantenimiento deja de ser opcional, porque una extensión desactualizada es una puerta abierta; en el segundo, sí lo es. El detalle completo de por qué cambia tiene su propia guía; la pregunta que importa aquí es pedirle a cualquier proveedor que te diga en cuál de los dos casos está tu futura web, y desconfiar de quien no sepa responder con esa precisión.

Si el precio es cerrado o una estimación

La pregunta que resume todas las anteriores: el número que te han dado, ¿es lo que vas a pagar, o es una estimación que puede crecer con las horas? Un precio por horas traslada a ti el riesgo de que el proyecto se complique; un precio cerrado lo traslada a quien te lo ha dado. Pregúntalo con esas palabras exactas y compara la respuesta con el resto del presupuesto: si el alcance no tiene lista, el plazo no tiene fecha y las rondas de cambio no tienen número, un precio «cerrado» encima de todo eso no cierra gran cosa.

Llévate esta lista a cualquier conversación

Ninguna de estas preguntas tiene una respuesta que solo pueda dar un proveedor concreto. Son las mismas para todos, y una respuesta seria las contesta con datos —un número, un nombre, una fecha— en vez de con un «no te preocupes, de eso nos encargamos nosotros». Llévatelas a la primera conversación que tengas, sea con quien sea, y fíjate menos en si la respuesta te gusta y más en si es una respuesta de verdad.

Precios

Publicamos los precios porque preguntar cuánto cuesta algo y que te respondan «depende» es una pérdida de tiempo para los dos.