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Cuánto se tarda en hacer una web, de verdad

Dos semanas o cuatro: qué decide la tuya

Esta web publica un rango y no una cifra redonda: «entre dos y cuatro semanas según el plan». Un rango dice más que un número, porque dentro de él manda una variable que casi nadie menciona al preguntar cuánto se tarda, y que no tiene que ver con el tamaño del estudio. Tiene que ver con cuánto tardas tú, como cliente, en traer lo que hace falta y en decidir sobre lo que te enseñamos. El resto de esta guía explica esa variable con el detalle suficiente para que sepas, antes de pedir presupuesto, si tu proyecto va a caer cerca de las dos semanas o cerca de las cuatro. Los proyectos a medida quedan fuera del rango a propósito, y más abajo está el porqué.

Dos relojes, no uno

Antes de que arranque cualquiera de los plazos siguientes hay un paso que sí es rápido de verdad: contactar. Un WhatsApp se responde en menos de dos horas, así que las dos a cuatro semanas de la pregunta frecuente no incluyen ninguna espera larga para conseguir una respuesta: empiezan a contar desde la primera conversación real, no desde que escribes el mensaje.

A partir de ahí corren dos relojes y solo uno lo llevamos nosotros. El nuestro cubre diseñar la web y programarla, y apenas varía entre dos proyectos con el mismo alcance: es trabajo nuestro, a nuestro ritmo. El tuyo cubre dos cosas —el tiempo en reunir textos y fotos, y el tiempo en responder cuando te enseñamos un diseño y toca decidir si se aprueba o se cambia— y es el que de verdad mueve la fecha final, porque depende de un negocio que sigue abierto mientras tanto y no siempre tiene un rato libre para escribir o para revisar una propuesta.

Por qué el plan cambia el número

El reloj nuestro sí varía con el tamaño del encargo, y ahí está la otra mitad de la respuesta. El plan Esencial llega hasta 5 páginas; el Profesional, hasta 12, con SEO local y blog o catálogo añadidos. Más páginas y más piezas significan más horas de diseño y de programación, así que un Profesional se acerca de forma natural al extremo alto de las cuatro semanas, mientras que un Esencial tiende al extremo bajo. Si todavía no sabes qué plan encaja con tu negocio, decirlo así en la primera conversación no alarga nada: es precisamente lo que sirve para fijar el plazo por escrito antes de empezar.

El plan A medida queda fuera de esa cuenta a propósito: ahí caben cosas como reservas o tienda online, una app para Android e iOS o integraciones con las herramientas que ya usa tu negocio, y ese trabajo no tiene un tamaño fijo que quepa en dos a cuatro semanas. Por eso ese plan no lleva precio cerrado ni plazo publicado: miramos el encargo primero, y fijamos el plazo por escrito después, igual que el precio.

Lo que de verdad alarga un proyecto

Con el alcance ya decidido, lo que mueve la fecha de entrega pasa casi siempre por el lado del cliente y no por el nuestro. Tres cosas concretas suelen ser la causa:

  • Los textos y las fotos. El plazo empieza a contar cuando los tenemos, no cuando firmas el presupuesto. Si no tienes textos los escribimos nosotros, pero esa primera versión también hay que leerla y aprobarla, así que traer tu propio material —notas sueltas, fotos hechas con el móvil, lo que tengas— casi siempre adelanta más que esperar nuestro borrador.
  • La velocidad para decidir sobre el diseño. Incluye dos rondas de cambios, y cada ronda dura lo que tardes en mirarla y responder. Una semana sin contestar a una propuesta es una semana que se suma al plazo final, aunque en ese tiempo nosotros no hayamos tocado nada.
  • Pedir algo que no estaba en el presupuesto, a mitad de proyecto. Puede hacerse, pero es alcance nuevo sobre un plazo que ya se fijó para un alcance distinto, así que primero conoces el coste extra —en dinero y en tiempo— y decides si sigue adelante.

«Lo necesito para ayer»: por qué no hay una vía rápida

No existe una versión exprés que se salte la aprobación del diseño o el alta en Google Business, porque esos pasos no son una cola de espera que puedas adelantar pagando más: son la parte del trabajo que hace que la web funcione el día que se publica, y sin ellos no la damos por terminada. Lo único que sí puede acortarse es tu propio reloj: tener las fotos y los textos escritos antes de la primera conversación, y responder el mismo día a la propuesta de diseño en vez de a la semana siguiente. Eso, y no una promesa de plazo corto, es lo que de verdad adelanta un proyecto.

Un plazo por escrito, no una estimación

Fijamos la fecha en la primera conversación, por escrito, antes de que exista una sola línea de código. Eso funciona porque el estudio es pequeño y elige los proyectos que acepta en vez de aceptarlos todos, lo que deja margen para responder rápido cuando te toca mover algo a ti. Si quieres saber en qué semana exacta cae tu proyecto, la respuesta no está en una tabla: sale de contarnos el alcance real y de cuánto tardas tú en traer lo que falta.

Proceso

La mayoría de los sustos en un proyecto web vienen de no saber qué está pasando. Por eso el proceso está cerrado antes de empezar y tú apruebas cada paso.