Cuánto cuesta mantener una web al año
La cifra que no sale en el presupuesto
Casi todo el mundo pregunta cuánto cuesta hacer una web. Poca gente pregunta cuánto cuesta tenerla al año siguiente, y es la que más disgustos da, porque aparece cuando ya no estás decidiendo nada.
Lo que sigue es el desglose por conceptos. No es una lista de precios: lo que paga cada negocio depende de a quién se lo pague, y parte de la gracia de esto es que aprendas a mirar tu propia factura.
Lo que sí es obligatorio, y es poco
Solo hay dos cosas que una web necesita para seguir existiendo.
El dominio. El nombre. Se renueva una vez al año y no hay alternativa: si caduca, la web desaparece y el nombre queda libre para quien lo pille. Es el gasto más pequeño de toda esta lista y el único que no puedes saltarte.
El alojamiento. El sitio donde vive. Aquí el rango es enorme —desde gratis hasta cientos de euros al mes— y para una web de un negocio pequeño está en la parte muy baja de ese rango.
Los dos se pagan directamente a su proveedor y a tu nombre, no a quien te hizo la web. Eso importa por dos motivos: es más barato porque no lleva intermediario, y sigues siendo tú quien controla la renovación.
En nuestros presupuestos esos dos conceptos van fuera del precio a propósito, y son unos pocos euros al mes. Cualquiera que te los meta dentro de una cuota mensual está cobrándote un margen por pagar una factura en tu nombre.
Lo que es opcional aunque te lo cuenten como obligatorio
Aquí está el dinero de verdad, y aquí es donde conviene mirar dos veces.
Mantenimiento. Actualizaciones, copias de seguridad, arreglar lo que se rompa. Es un servicio legítimo y a mucha gente le compensa. Lo que no es legítimo es presentarlo como un requisito técnico. Una web bien construida no deja de funcionar si nadie la toca durante un año; lo que pasa es que si algo se rompe, no hay nadie de guardia. Es un seguro, no una condición.
Licencias de plantilla o de módulos. Si tu web se hizo montando piezas de terceros, algunas de esas piezas se pagan cada año, y dejan de actualizarse si no lo haces. Es el coste recurrente que más gente descubre tarde, porque no estaba en ninguna conversación inicial.
Cambios de contenido. Actualizar textos, precios o fotos. Si te lo cobran por horas, esto se convierte en el gasto grande sin que nadie lo haya decidido. La alternativa es que puedas hacerlo tú, que es cómo lo entregamos: con un panel y una formación grabada.
Publicidad, fotografía y redacción. Son costes reales de tener un negocio online, pero no son de mantener la web. Que aparezcan en la misma factura no los convierte en lo mismo.
Cuándo el mantenimiento sí hace falta de verdad
Todo lo anterior tiene una excepción grande y hay que decirla, aunque a nosotros nos convenga menos: depende de con qué esté hecha tu web.
Si la tuya funciona con un gestor de contenidos y una colección de extensiones —WordPress con sus plugins es el caso habitual—, esas piezas publican actualizaciones de seguridad constantemente, y una que se queda vieja es una puerta abierta. Ahí el mantenimiento no es un seguro opcional: es la condición para que no te conviertan la web en un sitio de spam sin que te enteres. Si ese es tu caso y nadie te lo está actualizando, tienes un problema aunque la web se vea bien hoy.
Si la tuya es un sitio estático o casi estático —páginas ya generadas, sin panel de administración expuesto ni extensiones de terceros—, no hay nada que actualizar por seguridad, porque no hay nada corriendo que se pueda atacar. Es la razón por la que nosotros construimos así, y es la razón por la que podemos decir que el mantenimiento es opcional sin que sea una temeridad.
O sea que la pregunta útil no es «¿necesito mantenimiento?». Es «¿de qué está hecha mi web?». Pregúntaselo a quien te la lleve; si la respuesta es vaga, insiste.
Cómo mirar tu propia factura
Coge la última que te pasaron y pregúntate tres cosas.
¿Qué conceptos hay y a quién se paga cada uno? Si el dominio y el alojamiento te los factura tu proveedor en vez de facturártelos su proveedor, estás pagando un margen. No es ilegal ni escandaloso, pero deberías saberlo.
¿Hay permanencia? Una cuota que no puedes cancelar cuando quieras no es una cuota de mantenimiento, es una forma de que no te vayas.
¿Qué pasa si dejo de pagar esto? Si la respuesta es «la web deja de funcionar», hay algo que no está a tu nombre. Si es «se queda como está y nadie la toca», es un servicio, y decides tú.
Un orden de magnitud honesto
No te voy a dar una cifra cerrada porque sería inventada: depende de tu alojamiento, de tu extensión de dominio y de si contratas mantenimiento o no.
Lo que sí puedo decirte es la forma que tiene el gasto. Para una web de negocio pequeño bien hecha, lo inevitable es pequeño —dominio más alojamiento, unos pocos euros al mes— y todo lo demás son decisiones tuyas que puedes tomar y deshacer. Si tu coste anual no se parece a eso, la diferencia no está en la tecnología. Está en cómo te lo han empaquetado.
Y en el primer año
Merece la pena mirarlo aparte, porque suele ser el que más confunde. Nuestro plan Profesional incluye tres meses de soporte, así que durante ese tiempo lo único que pagas es dominio y alojamiento. El mantenimiento, si lo quieres, se contrata al final, sin permanencia y cancelable. No hay cuota mensual obligatoria en ninguno de los tres planes.
Eso no es generosidad: es que una cuota obligatoria para que tu propia web siga encendida sería cobrarte por no romperla.
Precios
Publicamos los precios porque preguntar cuánto cuesta algo y que te respondan «depende» es una pérdida de tiempo para los dos.