Cómo saber si tu web es lenta, y cuánto te está costando
Empieza por dudar de tu propia sensación
Si abres tu web desde el ordenador de la oficina, con fibra y sin nadie más en la red, casi cualquier página parece rápida. Ese no es el sitio desde el que te encuentra un cliente: te busca desde el móvil, muchas veces por la calle o con cobertura floja, y ahí una web que en tu pantalla carga al instante puede tardar varios segundos en aparecer. La única forma de saberlo es medir, no notar. Y medir cuesta diez minutos, sin instalar nada.
Cómo medirlo: PageSpeed Insights y Lighthouse
Hay dos herramientas gratuitas de Google, y para una web pequeña con una basta.
PageSpeed Insights es la más simple: pegas la URL de tu web, esperas medio minuto y te devuelve un informe con nota y las tres cifras de más abajo, por separado para móvil y para ordenador.
Lighthouse viene dentro de Chrome. Abres tu web, pulsas F12 —o entras por el menú: los tres puntos de arriba a la derecha, «Más herramientas», «Herramientas de desarrollador»—, buscas la pestaña «Lighthouse» y generas el informe. Es la misma auditoría que corre por debajo de PageSpeed Insights, solo que en tu propio ordenador en vez de en un servidor de Google: el resultado depende de tu conexión y tu máquina en ese momento, así que conviene repetirlo un par de veces y no fiarse de una sola pasada. Ábrelo en una ventana de incógnito: una extensión instalada de más puede sumar peso que tu visitante nunca descarga.
Las tres cifras que importan, sin la jerga
El informe da muchos números. Solo tres deciden si la web se considera rápida:
- LCP (Largest Contentful Paint): cuánto tarda en aparecer pintado el elemento más grande de lo primero que se ve, normalmente un titular o una imagen de cabecera. Es la sensación de «esto ya cargó». Por debajo de 2,5 segundos es bueno; por encima de 4, lento de verdad.
- INP (Interaction to Next Paint): cuánto tarda la página en responder cuando tocas un botón o un enlace. Por debajo de 200 milisegundos no se nota la espera; por encima de 500, sí.
- CLS (Cumulative Layout Shift): cuánto se mueven los elementos mientras carga la página. El caso típico es tocar un botón justo cuando una imagen recién cargada lo desplaza, y acabas pulsando otra cosa. Por debajo de 0,1 está bien.
El resto del informe —tiempo de bloqueo, peso en kilobytes, auditorías en rojo— sirve para diagnosticar por qué falla una de estas tres. No es el objetivo en sí mismo.
Datos de laboratorio y datos de usuarios reales no son lo mismo
Esto es lo que más confunde de un informe de PageSpeed Insights: arriba puede haber dos bloques con números distintos para la misma web.
El de «Experiencia de usuarios reales» sale de visitas de gente que entró en tu web con Chrome, agregadas a lo largo de 28 días. Es el dato que más importa, porque no es una simulación. El problema es que solo aparece si la web ha tenido tráfico suficiente en ese periodo: una web nueva o con pocas visitas no lo tiene, y esa sección sale vacía.
Cuando pasa eso, lo único que queda es el dato de laboratorio: una sola visita simulada, en unas condiciones de red y de dispositivo fijadas por la herramienta. Es útil —es lo que puedes controlar y mejorar antes de tener tráfico— pero es una muestra de uno, no un promedio de tus visitantes. Trátalo como una foto de un momento, no como un veredicto.
Por qué hay que medir en el móvil y con la red mala, no en la oficina
El resultado «móvil» de PageSpeed Insights ya simula esto por ti: estrangula la red a algo parecido a un 4G flojo y limita el procesador, para acercarse a un teléfono medio con cobertura mediocre en vez de a un portátil nuevo con fibra. Es el resultado que conviene mirar primero: es la búsqueda que hace alguien desde la calle, no alguien sentado frente a un teclado.
La diferencia entre medir con esa simulación y sin ella puede ser enorme, y no hace falta imaginarlo: esta misma web se midió dos veces con tres días de diferencia. Sin estrangular la red, sobre una copia en local, dio un LCP de 116 milisegundos en portada y 212 en la página de servicios: muy por debajo del umbral de 2,5 segundos, y poco representativo por eso mismo. Ya en producción, con la red estrangulada a 4G lento, dio 1.144 milisegundos en portada —sigue bien— y 2.820 en la página de servicios, por encima de esos mismos 2.500 milisegundos de umbral. La causa, comprobada apagando las animaciones de entrada y volviendo a medir, eran esas animaciones: el primer bloque empieza invisible, y lo que no se ve no cuenta como pintado.
Qué suele estar detrás de una web lenta
Con la web de un negocio pequeño, casi siempre es una de estas cuatro cosas, o varias a la vez:
- Imágenes sin optimizar. Una foto que sale de un móvil pesa varios megabytes y mide miles de píxeles; en pantalla se ve a 400. Subirla tal cual, sin recortar ni comprimir, es la causa más común y la más fácil de arreglar.
- Demasiados scripts de terceros. Cada chat en directo, cada píxel de red social, cada vídeo incrustado y cada tipografía externa suma una petición más, y varias cargan antes que el propio contenido.
- Alojamiento compartido barato. Si tu web comparte servidor con miles de otras y la que más tráfico tiene ese día lo satura, tu página tarda en empezar a responder aunque el código esté perfecto: se nota en el tiempo hasta el primer byte, antes de que llegue nada más.
- Plantillas que cargan lo que no usas. Los constructores de páginas traen sliders, animaciones y widgets activados por defecto que el visitante nunca usa, pero cuyo código se descarga igual.
Cuánto te está costando
Aquí no va un porcentaje. Circulan cifras del tipo «el X % de las visitas abandona una web que tarda más de tres segundos», repetidas de página en página sin que nadie enlace al estudio original, muchas veces de hace años y de un negocio que no es el tuyo. Poner un número así en este texto sería ese mismo truco, y un dato inventado desacredita también los que sí están medidos.
Lo que sí se sostiene es el mecanismo, sin necesitar un porcentaje: quien busca «cerrajero» o «dentista» en el móvil no espera a ver si tu web termina de cargar. Tiene diez resultados más en la misma pantalla, y volver a la lista de Google cuesta un toque. Cada segundo de espera es una oportunidad para que lo dé. Google, además, lleva años diciendo que estas tres cifras son una señal de posicionamiento menor: no deciden solas quién sale primero, pero desempatan entre dos páginas que compiten por la misma búsqueda.
Medir es lo único que dice si ese mecanismo te está afectando a ti, y en qué página exactamente.
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