Cómo saber de dónde vienen tus visitas sin llenar la web de cookies
El cartel de cookies no es la pregunta
Casi cualquier web te recibe con el mismo cartel: aceptar todo, rechazar, o perderte en un panel con la lista de doscientos «socios». La pregunta que de verdad importa casi nunca se hace: de dónde vienen tus visitas, qué leen y si hace falta instalar una cookie para saberlo.
El cartel existe, en términos generales, porque la normativa europea de privacidad obliga a pedir permiso antes de cargar cualquier cosa que no sea estrictamente necesaria para que la web funcione. Una cookie que recuerda tu decisión sobre el propio aviso sí es necesaria, y por eso no se pregunta por ella. Casi todo lo demás —publicidad, redes sociales, seguimiento entre sitios— no lo es, y por eso hace falta pedir permiso antes de cargarlo. Esto es el mecanismo general y no un consejo legal para tu caso: si te apoyas en él para decidir algo, coméntalo con tu asesoría.
Dicho así suena a trámite. La pregunta de fondo —qué mides y para qué— tiene una respuesta bastante más simple de lo que el cartel sugiere.
Medir personas no es medir páginas
Hay dos maneras de saber qué pasa en una web, y se confunden todo el rato.
Una es reconocer a la misma persona: guardar un identificador en su navegador para saber que quien entró hoy es quien entró ayer, seguirla de una página a otra y, si el identificador lo permite, de un sitio a otro. Esto es lo que hace posible un anuncio que te persigue por internet después de mirar un producto una sola vez. Para esto sí hace falta guardar algo en el navegador de esa persona, y por eso sí hace falta su permiso antes de guardarlo.
La otra es contar sucesos sin saber quién los produce: alguien entró en esta página, alguien más en aquella, tantas veces desde el móvil y tantas desde el ordenador. No hace falta reconocer a nadie para sumar visitas; hace falta sumar visitas, y punto. Esa cuenta no necesita guardar nada en el navegador de quien la genera, así que no necesita pedir permiso.
El cartel de cookies existe por la primera manera. La segunda puede convivir perfectamente sin él.
Lo que de verdad se pierde
Conviene decirlo sin adornos, porque renunciar al seguimiento entre sitios cuesta algo real.
No vas a poder montar una audiencia de «gente que visitó esta página» para perseguirla luego con un anuncio en otra web. No vas a poder reconstruir con certeza el camino completo de una persona si entra hoy desde el móvil y vuelve mañana desde el ordenador: cada visita cuenta como un suceso, no como el segundo capítulo de la misma historia. Y si algún día repartes publicidad de pago entre varios canales a la vez, saber qué anuncio concreto trajo qué venta concreta se vuelve más difícil sin un identificador que siga a la persona entre el clic y la compra.
Eso es real, y para un negocio que vive de la publicidad de pago a gran escala puede pesar. Para la mayoría de negocios locales, las preguntas que se hacen cada semana no suelen estar en esa lista.
Lo que se contesta igual
Sin guardar nada en el navegador de nadie, contar sucesos sigue respondiendo lo que casi todo el mundo pregunta: cuánta gente ha entrado esta semana, si llega más por un buscador o por un enlace compartido, qué páginas se leen y cuáles se abandonan, y si la visita viene sobre todo del móvil o del ordenador. Ninguna de esas preguntas necesita saber quién eres tú en particular; necesita sumar bien lo que pasa en cada página.
Lo que no contesta es «¿quién exactamente ha vuelto tres veces esta semana?» o «¿qué miró Fulano justo antes de escribirme?». Si esa pregunta te importa de verdad, ese es el momento de plantearte instalar algo más, y de pedir el permiso que corresponde con conocimiento de causa, no por costumbre.
Cómo mide esta misma web
No hace falta un caso ajeno: esta página se mide así, y está escrito en su política de cookies.
Para saber cuántas visitas recibe cada sección y cómo de rápido carga se usan Vercel Web Analytics y Vercel Speed Insights. Ninguna de las dos instala cookies, ninguna guarda nada en tu navegador y ninguna te identifica ni te sigue a otra web: cuentan páginas vistas de forma agregada, y nada más.
Sí hay una cookie en este sitio, y es justo la que recuerda si aceptaste o rechazaste el aviso: se llama octyai_cookies, dura un año, y sin ella habría que volver a preguntarte en cada página. Si rechazas el aviso, la medición de audiencia ni siquiera se carga —no está obligada a pedir permiso, pero si dices que no, se te hace caso igual—. Y si cambias de idea, el enlace «Preferencias de cookies» está en el pie de todas las páginas, siempre disponible. Rechazar no cambia en nada cómo se ve o se usa el sitio.
Lo que se gana al no depender de cookies
Renunciar al seguimiento entre sitios no es solo una concesión legal; también compra algo.
Menos scripts de terceros que cargar es, mecánicamente, menos peso y menos tiempo hasta que la página responde. Un aviso que solo pregunta «¿aceptas o rechazas?», en vez de abrir un panel con un listado de socios publicitarios, es una decisión que se toma de un vistazo y no un trámite que se abandona a medias. Y no hay datos de quien te visita saliendo hacia una plataforma de publicidad de terceros, porque no hay terceros a los que dárselos.
Cómo decidir qué necesita tu web
Antes de instalar nada, merece la pena escribir en una frase qué pregunta necesitas contestar de verdad.
Si es «¿me está encontrando la gente, por dónde, y se lee lo que quiero que se lea?», eso se contesta entero sin una sola cookie de seguimiento. Si es «¿qué anuncio concreto trajo esta venta concreta, entre varios canales de pago a la vez?», ahí empiezas a necesitar algo más, y con ello el permiso correspondiente.
La mayoría de negocios que estrenan web están en el primer grupo, aunque el cartel de turno les haga sentir que deberían estar en el segundo. Empezar sin cookies de seguimiento y añadir después, si hace falta y pidiendo permiso como toca, es más fácil que al revés: lo que se pidió de más y no se usa es más difícil de justificar que lo que se añade el día que ya sabes que lo necesitas.
Esta web mide así por decisión, no por descuido, y queda escrito para quien quiera comprobarlo. Si te lo estás planteando para la tuya, aquí se explica qué más entra en construirla.
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No hacemos de todo. Hacemos lo que un negocio local necesita para que le entren clientes, y lo hacemos entero: diseño, desarrollo, app cuando hace falta, IA que quita trabajo repetitivo, visibilidad y cuidado posterior.