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Accesibilidad web obligatoria: cómo saber si te afecta

Primero, el marketing del miedo

Si has buscado esto antes, te habrás cruzado con titulares tipo «Europa te prohibirá vender si tu web no es accesible». Casi todos vienen de quien vende auditorías de accesibilidad, y casi ninguno menciona la exención que probablemente te aplica a ti.

Vamos con lo que dice la norma, y luego con cómo saber en qué lado estás.

Qué ley es y desde cuándo

La norma europea es la Directiva (UE) 2019/882, conocida como European Accessibility Act. En España se traspone con la Ley 11/2023, de 8 de mayo, que fija el 28 de junio de 2025 como fecha de aplicación efectiva. Hay además un Real Decreto 193/2023 sobre condiciones básicas de accesibilidad que la complementa.

Un aviso por si vas a buscarla: la Ley 11/2023 no es una ley de accesibilidad. Es una ley ómnibus que traspone varias directivas a la vez —accesibilidad, migración de personas altamente cualificadas, materia tributaria y digitalización notarial— así que su título es larguísimo y encontrar la parte que te interesa cuesta.

No es una ley de webs. Es una ley de productos y servicios, y las webs entran porque son el canal de algunos de ellos.

A qué servicios alcanza

La lista es cerrada, y esto es lo primero que casi nadie cuenta. Entre otros:

  • Comercio electrónico — vender productos o servicios online a consumidores
  • Servicios bancarios para consumidores
  • Transporte de pasajeros
  • Telecomunicaciones
  • Libros electrónicos
  • Acceso a servicios de comunicación audiovisual

Una web que solo informa no está en esa lista. Si tu sitio explica qué haces, enseña tus servicios y da un teléfono, sin transacción, no es comercio electrónico. Eso no significa que la accesibilidad no importe —luego vamos a eso— pero significa que esta ley concreta probablemente no te obliga.

La exención que casi nadie menciona

El artículo 4.5 de la Directiva dice, literalmente, que las microempresas que presten servicios están exentas de cumplir esos requisitos de accesibilidad y de cualquier obligación relativa a su cumplimiento.

Microempresa, según la propia norma, es la que emplea a menos de diez personas y tiene un volumen de negocio anual o un balance anual que no supera los dos millones de euros. Las dos condiciones.

Así que una tienda online de cuatro personas facturando medio millón está, por la letra de la Directiva, exenta. Muchos de los artículos alarmistas que encontrarás omiten esto, y alguno llega a afirmar que la exención no vale para webs y apps, lo cual no se sostiene leyendo el texto.

Cuidado con tres matices, que son donde se complica:

La exención es para servicios, no para productos. Si además de vender online fabricas o distribuyes alguno de los productos que la norma regula —cajeros, lectores de libros electrónicos, terminales—, ahí las reglas son otras.

Estar exento no es lo mismo que estar fuera del alcance. Son dos cosas distintas y conviene saber en cuál estás, porque una empresa que crece deja de ser microempresa sin que nadie le avise.

Y el más importante: lo que acabas de leer está verificado en el texto de la Directiva europea. La ley española que la traspone es larga y ómnibus, y no hemos podido confirmar en su articulado público que recoja esa exención con esas mismas palabras. Una directiva no se aplica sola: lo que te obliga a ti es la norma española. Si te apoyas en esta exención para no hacer nada, contrástalo antes con tu asesoría.

Cómo saber tu caso en dos minutos

Tres preguntas, en este orden:

  1. ¿Vendes online a consumidores, o prestas alguno de los otros servicios de la lista? Si no, esta ley concreta no va contigo.
  2. ¿Tienes menos de diez empleados?
  3. ¿Facturas menos de dos millones?

Si la primera es «no», estás fuera del alcance. Si es «sí» y las otras dos también, estás dentro del alcance pero exento. Si es «sí» y alguna de las otras dos es «no», te aplica.

Y si estás cerca de cualquiera de esas dos líneas, esto ya no es una consulta de blog: es una pregunta para tu asesoría. Nosotros hacemos webs, no derecho.

Por qué deberías hacerla accesible aunque estés exento

Aquí es donde esto deja de ser un trámite.

Una web accesible es, casi punto por punto, una web mejor construida. El contraste suficiente la hace legible al sol en un móvil, que es donde te lee medio mundo. Los textos alternativos de las imágenes son lo que un buscador lee cuando no puede ver la foto. Una web que se puede recorrer entera con el teclado suele ser una web que no depende de trucos frágiles de JavaScript. El vídeo subtitulado se ve en silencio, que es como se consume la mayoría del vídeo en móvil.

Y está el número que casi nadie menciona: en España hay millones de personas con algún tipo de discapacidad, y muchas más con limitaciones temporales o por edad. No es un colectivo pequeño ni marginal, y hoy no puede comprarte.

Cómo mirar la tuya sin gastar nada

No hace falta contratar una auditoría para tener una primera idea.

Abre tu web en el móvil, a pleno sol. Si tienes que taparla con la mano para leer el texto gris sobre blanco, ahí tienes un problema de contraste real, no teórico.

Recórrela solo con el tabulador, sin tocar el ratón. ¿Se ve dónde está el foco en cada paso? ¿Puedes llegar al menú, al formulario y al botón de enviar? Si en algún momento el foco desaparece o se queda atrapado, eso lo sufre cualquiera que navegue con teclado.

Quita el ratón del medio y prueba tu formulario. Es donde más se rompe: las etiquetas que no están asociadas a su campo hacen que un lector de pantalla anuncie «campo de texto» y nada más.

Y pásale a la portada la herramienta Lighthouse, que viene dentro de Chrome en el menú de herramientas del desarrollador. Su apartado de accesibilidad no lo detecta todo —ninguna herramienta automática lo hace— pero lo que sí detecta es real.


Este sitio está hecho midiendo esas cosas, no suponiéndolas. Si al mirar el tuyo te sale una lista que no sabes por dónde coger, eso es parte de lo que hacemos.

Fuentes: Directiva (UE) 2019/882 · Ley 11/2023, de 8 de mayo · Real Decreto 193/2023

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