Saltar al contenido
OcTYAI

Qué fotos necesita tu web y cómo hacerlas con el móvil

Por qué esto es lo primero que conviene resolver

En los proyectos de esta web, lo que más suele retrasar la entrega no es el diseño ni la programación: son los textos y las fotos que tiene que aportar el propio negocio. El plazo no empieza a contar hasta que ese material está, así que cada semana que tardas en reunirlo es una semana que se suma al final, aunque nadie esté trabajando en tu web mientras tanto. Del texto casi siempre se puede encargar otra persona. De la fachada, del producto o del equipo, no: esas fotos solo las puedes hacer tú, porque solo tú tienes acceso al sitio. Esta guía cubre justo esa parte: qué fotos hacen falta y cómo sacarlas con el móvil que ya llevas encima, sin contratar a nadie.

Las cuatro fotos que necesita cualquier web de negocio local

Antes de pensar en la cámara conviene tener clara la lista. Una web de negocio local necesita, como mínimo, cuatro tipos de foto:

  • La fachada o la entrada. Confirma que el negocio existe en un sitio concreto, y suele abrir la página de inicio o la de contacto.
  • El producto o el servicio, de cerca. Un plato, una pieza, una herramienta, un corte de pelo terminado: lo que el cliente va a recibir, visto con el detalle con el que lo vería en persona.
  • El equipo. Las personas detrás del mostrador, del teléfono o del taller. Es la foto que casi ningún negocio tiene ya hecha, porque nadie se retrata a sí mismo trabajando.
  • El negocio en marcha. Alguien atendiendo, cocinando, montando, reparando: la actividad real, no una pose para la cámara. Es la más difícil de las cuatro porque hay que sacarla sin interrumpir lo que se está haciendo.

No hace falta un catálogo completo. Con dos o tres fotos buenas de cada categoría hay material de sobra para la portada, las páginas interiores y las redes sociales.

La luz y el fondo importan más que el móvil que tengas

Cualquier móvil de los últimos años dispara con resolución de sobra para una web: el problema casi nunca es la cámara, es la luz. La luz natural indirecta —cerca de una ventana grande, o al aire libre en un día nublado— da un color más fiel que la luz artificial de una tienda o de un taller. Si el local recibe sol directo, la mejor hora suele ser a primera hora de la mañana o última de la tarde, cuando la luz entra en ángulo. A mediodía, con el sol alto, las sombras se cortan duras y los colores se lavan.

El flash del móvil casi nunca ayuda: aplana la imagen y suele dejar un reflejo blanco en cualquier superficie brillante, desde un mostrador de cristal hasta un plato. Mejor apagarlo y acercarse a una ventana, o esperar a otra hora, antes que forzarlo.

Antes de disparar, conviene mirar qué queda detrás del sujeto. Un fondo con cajas apiladas, cables sueltos o un cartel de otro negocio distrae más de lo que ayuda. Dar un paso al lado o cambiar el ángulo suele bastar para dejar detrás algo neutro, o algo que sí pertenece al negocio: una pared lisa, una estantería, la propia barra.

Un horizontal y un vertical de cada foto

La web usa las fotos en sitios distintos: una cabecera ancha necesita una imagen apaisada, y una ficha de equipo o de producto suele necesitar una vertical o cuadrada. Si solo sacas fotos en un formato, la otra mitad de esos huecos se queda sin material que encaje. La forma más simple de cubrir los dos es repetir la misma escena en horizontal y en vertical sin moverte del sitio: gira el móvil, no cambies el encuadre.

Dos costumbres más evitan tener que repetir la sesión. La primera es no usar el zoom del móvil: la mayoría de los móviles hacen zoom recortando la imagen y ampliándola por software, no acercando una lente de verdad, así que cuanto más zoom, más se nota el recorte. Es mejor acercarse caminando y disparar sin zoom. La segunda es dejar aire alrededor del sujeto: una foto muy ajustada no se puede recortar después para un hueco distinto, y una web casi siempre necesita recortar la misma foto a más de una forma.

Lo que obliga a repetir la sesión

Dos problemas no se ven en la pantalla del móvil, pero se notan en la web. El primero es la resolución: una foto vieja, sacada con un móvil de hace varios años o reenviada varias veces por WhatsApp, pierde nitidez al ampliarla a una cabecera de página completa. Si se ve pequeña o borrosa al abrirla en un ordenador, ya no vale. El segundo es descargar una foto de Instagram o de Facebook para reutilizarla: esas plataformas comprimen cada imagen al subirla, así que lo que se descarga de vuelta ya ha perdido calidad una vez, y subirla otra vez a la web la comprime por segunda. Se nota sobre todo en fotos con texto o con bordes definidos. La solución a los dos problemas es la misma: partir siempre del archivo original que guarda el propio móvil, no de una copia que ya ha pasado por otro sitio.

Por qué un banco de imágenes no es un atajo

La tentación, cuando falta una foto, es tirar de un banco de imágenes gratuito: un cocinero genérico, una fachada que no es la tuya, un grupo de gente sonriendo que no trabaja contigo. Se nota casi siempre, porque son las mismas fotos que aparecen en cientos de webs distintas, con una iluminación y una composición reconocibles como «foto de stock» incluso para quien no sabría explicar por qué. Un negocio local enseña, con sus fotos, que existe en un sitio concreto y que ahí trabaja gente concreta; una foto genérica de otra persona en otro país contradice justo eso en la misma página donde se afirma. Vale más una foto de móvil sacada un día nublado que una foto perfecta de alguien que no pisa el local.

Reunir estas cuatro fotos antes de la primera conversación con quien vaya a construir tu web no es un trámite: es la parte del proyecto que solo puedes adelantar tú, y adelantarla es lo que de verdad acorta el plazo final.

Proceso

La mayoría de los sustos en un proyecto web vienen de no saber qué está pasando. Por eso el proceso está cerrado antes de empezar y tú apruebas cada paso.